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3 KILATES 8 PUNTOS

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"Ninguna esmeralda en el mundo puede compararse en color, en brillo y en viveza a la que se encuentra en las minas de Colombia y pocas regiones como aquellas que se identifican en los mapas con los nombres indígenas de Muzo, Gachalá Chivor, Coscuez y Somondoco, reservan a la imaginación tanta leyenda de belleza, aventura, peligro y sacrificio.

(...)En la maraña de "3 kilates 8 puntos", Flor Romero puso en movimiento con indudable habilidad narrativa, las vidas de un puñado de seres humanos cuyas pasiones y debilidades, cuyas frustraciones, osadías y abye ????? ???A ??cciones se ven iluminadas por el raro verdor de la codiciada piedra.

Allí se aman y se hieren unos a otros, bajo el follaje de la selva y sobre una corteza de tierra que esconde incalculables fortunas y restos humanos de anónimos aventureros. Allí en "3 Kilates 8 Puntos", la muerte y la riqueza súbitas como dos personajes mas en medio de los protagonistas son tan reales y palpables como el ingeniero de minas, el inspector del gobierno, el cura del pueblo cercano, los trabajadores de las minas, los traficantes y Mariana "el eterno femenino" extraviada en las malezas de su alma contradictoria.

"3 Kilates 8 puntos" es una excursión apasionante bajo la guía de un excelente baquiano literario, Flor Romero quien fue para los colombianos la revelación literaria de l.965.

Novela premio Esso l.964.


PACTO EN LA BOCA DEL LOBO

(fragmento)

A lo largo de la ribera del río Itoco, pedregoso y con escaso caudal, se esparcían las quinientas personas buscadoras de esmeraldas. La presión de los nativos y del padre Serafín había conseguido que este sitio, antes vedado para los extraños al campamento, fuera ahora del dominio público.

- No es justo que ni siquiera podríamos aprovechar las chispas que lleva el río y que a veces quedan sepultadas en el lecho, sin beneficio de nadie.

- Es nuestro medio de vida y no pueden negárnoslo.

Estos y otros argumentos esgrimidos por el cura Tuta, habían hecho que el administrador de las minas de Zorque, en consulta con el gobierno central, autorizara la invasión de gentes.

No todos eran de la región. Una gran mayoría, aventureros venidos de otros sitios, amigos de la vida fácil, del enriquecimiento fortuito. Algunos huían de la justicia y con nombre supuesto pasaban días y noches al pie de la quebrada, esperando el momento de ver una luz verde.

Hasta habían construido chozas improvisadas y llevaban una vida primitiva. Todos eran hombr ????? ???A ??es, en guarda de la ley de la mina. Prohibidas las mujeres.

- ¿Porqué no me llevas?- alegaba la mujer de uno de los aventureros.

- Está prohibido que vivan allí mujeres.

- ¿Se puede saber la razón, Primitivo?

- Muy sencillo. Las mujeres son la causa de las mayores catástrofes.

- Se supone que tenemos ojos y podríamos ayudarles a buscar.

- La ambición mezclada con el sexo femenino, es un explosivo.

- ¿Nunca ha habido mujeres en la mina?

- Sin ellas todo marcha mejor.

- ¿Y para quién buscan dinero, entonces?

- Para las mujeres precisamente. Pero si estuviera allá, todo sería un caos. Cada una querría, a las buenas o a las malas, cubrirse de esmeraldas.

La mujer no insistió y el hombre se fue sólo. Allí vivía. El mismo cocinaba, lavaba su ropa y escarbaba las arenas del río todo el día, con una varita delgada. En la misma casa le solicitaron albergue otros tres hombres venidos de la costa norte. Hasta allí había llegado la noticia de que con buena suerte conseguirían una piedra verde que los sacaría de pobres.

- Llevamos ya ocho días, Abraham y conseguimos nada. Escasean los víveres y entonces...

- No desesperes, Ananás, algún día será. Acuérdate de ese muchachito Alonso, que ayer consiguió un canutillo lindo. Lastima que inmediatamente se lo fue a vender al padre Serafín y él no le dio sino tres mil pesos. Dicen que vale como cincuenta mil. El niño quedo contento con ese dinero y se lo entregó a la mamá. Puede que a nosotros nos suceda algo parecido.

- Te advierto que estoy para enloquecer. Sólo tengo el revólver y si lo vendo ¿con qué me defiendo de esa otra gente?

- Mi mujer espera dinero, porque nos va a llegar el noveno hijo. No sé con qué han comido ella y los muchachos ????? ???A ?? durante este tiempo que llevo aquí.

- Sigan el ejemplo de don Primitivo. Nunca desespera. Siempre cree que hay un mañana mejor.

- Será que no es casado.

- Si. Y también quiere llevarle a ella dinero.

- Sería mejor que abandonáramos esta quebrada, que va a quedar como un cedazo de tanto repasarla y aventurarnos a escarbar por ahí donde dicen que aparecen las esmeraldas, aunque no sea propiamente en la veta central.

- Buena idea, Ananás...

- Yo sé que en La Boca del Lobo han encontrado piedras verdes. Debemos conseguir tacos de dinamita y salir solos de noche. Eso queda quizá a unas tres horas de aquí.

- Esta noche, compadre.

- Esta noche. (Y sellaron el pacto los cuatro hombres, con un fuerte apretón de manos callosas).

El río corría manso, arrastrando trozos de calcita y pizarra. No quedaba un recodo que no hubiera sido examinado por los buscadores. Sobre las piedras, en la playa, en las matas, se apostaban los viejos y niños con una varita de palo o de metal. Los más ambiciosos no dormían. Los más confiados, madrugaban, pensando que en la noche el río habría traído las gemas. Los amaneceres después de la lluvia eran llenos de esperanzas, porque los derrumbes que arrastraba el río, seguramente guardaban piedras verdes.

Por las mañanas, al calentar el sol, para distraerse, algunos cazaban mariposas, que volaban por las orillas. Habían fabricado mariposeros con un aro, una vara y una tela delgada en forma de cono. La técnica era muy sencilla: tratar de que la mariposa entrara en la boca del aro y darle media vuelta. En esta forma, el mismo trapo cubría la salida. Luego, con dedos cuidadosos, le presionaban la cabeza, con las alas plegadas si se quería conservar así. Después, se colocaba dentro de un libro. Ellos no sabían otra manera de disecarlas, Al domingo siguiente se las vendían a los turistas en el pueblo, o las guardaban para clavarlas con alfileres en la pared.

- Estas que tienen un ochenta y ocho en las alas son bonitas pero muy comunes.

- Se pueden ver por encima o por debajo. Son igualmente bellas.

- Esta otra negra con puntitos azules, parece de terciopelo.

- Y aquella que va tan alta...

- Esa es la española. Ni soñar con ella.

Abraham, Primitivo, Ananás y su hermano, no participaban de los embelecos de las mariposas. Su objetivo era determinado, y por eso, aquella noche, uno tras otro fueron saliendo del rancho de varas y paja hacía la Boca del Lobo. A las doce comenzaron a retumbar los petardos. El eco llegaba hasta el campamento. Después de que los tacos derrumbaron cerro y agrietaron las vetas, comenzaron a picar. La linterna acomodada en el suelo, lanzaba luz hacia el lugar de trabajo.

- si tuviéramos suerte hoy...

- Dale duro, sin comentarios.

- Tú, Primitivo, en esa esquina, alúmbrate con la lámpara de petróleo. Yo con los otros aquí- Ordenó Ananás.

Febriles, lanzaban el pico contra la roca para sacar el pedazo, que luego partían con un martillo. ????? ???A ?? Desmenuzaban la veta en la búsqueda.

- La encontré- Gritó Primitivo, picando con ansiedad un pedazo blanco y sacando de dentro una esmeralda del tamaño del dedo pulgar. De la frente le caían gotas de sudor y la pupila se le hizo más brillante. En la noche oscura se oía silbar el viento.

- Te ayudamos, hermano –dijo Ananías, corriendo hacia él.

- No gracias, es mía, aprovechando, hijo de perra...

- Acordamos que todo sería repartido, vagabundo.

- Nada de eso, Juntos vinimos, pero lo mío es mío, arguyó Primitivo, poniéndose firme y dispuesto a defender su botín.

Tenía los ojos fijos en el reflejo verde. Como picado de avispa, Se llevó la mano derecha al cinto, pero Abraham no le dio tiempo de sacar el arma. Lo tenían ya encañonado:

- Suéltala si no quieres que te pasemos al otro mundo. Ningún trabajo nos da deber otro. Marica.

- ¡ Dispara, bandido!

Primitivo se dobló soltando la esmeralda y cogiéndose el abdomen con las manos. Abraham disparó la carga completa del revólver y sin importarle la sangre ni los gritos del moribundo, se agachó y recogió la piedra. Un grillo chillaba muy cerca de su pie izquierdo; de la roca se desgranaban pedacitos de pizarra como hojaldra partida.

- Dámele hermano-Exclamó Ananías a tiempo que ponía la boca del revolver en la espalda de Abraham.

- Me costó una vida, maldito diablo.

- Pues que cueste otra, ladrón.

Y la boca del revólver soltó cinco estelas de humo.

- Será para los dos, -dijo el hermano de Ananías.

- Nada de eso será para mí solo. Si no te gusta así, avisa. Para ti también hay, qué estas pensando, pendejo de mierda.

- No pareces mi hermano, hijo de mi misma mamá.

- Defiéndete, porque esta es cosa de machos.

- No quiero morir.

- Será mejor así. Ya sé que me vas a delatar, lambón, no sea cobarde...

Sin compasión, Ananías volvió a cargar el arma. El hermano también sacó la suya. El muchacho Alonso que sigilosamente los había seguido hasta el sitio de la excavación, agazapado tras una piedra gigantesca, había presenciado toda la escena a la luz de las internas. Se acurrucó cuando vió renquear a Ananías, llevando en una mano el revólver y en la otra la piedra de la discordia. Apretados los labios, la frente sudorosa y con un dolor intenso en el muslo derecho, no regreso por el mismo camino. Extraviando por el monte, daba saltos desesperados. Alonso quiso seguirlo pero sintió miedo. Sin perder tiempo, emprendió el regreso al río.

- Mamá se han matado.

- ¿Quiénes?

- Los del rancho de don Primitivo,< ????? ???A ??/span>

- ¿Los vió?

- Claro, si estaban en la Boca del Lobo.

- No se lo cuente a nadie. Si lo saben lo pueden matar.

- Entonces no ví nada

- Así será mejor.

Alonso no pudo dormir. Sobre la estera que cubría el piso disparejo, daba vueltas de un lado a otro. Los disparos le sonaban en los oídos y el gesto de dolor de Primitivo lo perseguía. Las aguas del Itoco lavaban la sangre de los muertos. Las mariposas se posaban en los charquitos rojos. Las linternas le alumbraban el rostro.

Afuera se escuchaba el ruido de las aguas cortadas por las varas los pies. Las luces de los tabacos, aquí y allá, se divisaban de trecho en trecho. Alguno quería cantar, pero no deseaba que el vecino adivinara su presencia. Cada uno aspiraba a tener su mundo, sin que el otro se enterara de la dirección de sus miradas. La ambición se acentuaba sin descansar siquiera de noche.


MI CAPITÁN FABIÁN SICACHÁ

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Mediante un vigoroso dramatismo Flor Romero nos hace conocer la golpeada vida del Capitán Sicachá y el doloroso vivir de Cleo, la sencilla maestra que un día se enamora del guerrillero. La lucha de Fabián es dura, silenciosa y sórdida. Conoce el gusto de la traición. Vive en la cárcel el dolor irremediable de saber que sus hijos se están criando afuera en un mundo que el no pudo modificar. Intenta recuperarse, en diversos oficios, pero todo será un fracaso.

Desgarrante y poética por la modernidad de su técnica, y por ser un vivo reflejo de aspectos de la vida colombiana actual, "Mi capitán Fabián Sicachá" fue novela finalista en el concurso internacional Planeta 1.967. V.B. ( Edit. Planeta, Barcelona 1967)

(fragmento)

LOS TIEMPOS ERAN DIFÍCILES. No podía permanecer en el campo porque no encontraba paz en las noches. El día era incierto, papá ya no estaba. Fabián se había ido. <<Estés donde estes, te buscaré. NO te me pierdas>> Las noticias me llegaban a pedazos. Yo trataba de unirlas como leyendo una carta que ha sido destrozada.

-¿Podría decirme dónde queda el pueblo de Calamoima?

- Claro. Usted va por buen camino.¿Ve aquella montaña llena de árboles? Desde allá lo puede apreciar... Son unas ochenta casitas blancas. En la mitad se ve un limpio. Un claro cuadrado: esa es la plaza, la única.

- ¿Usted es de allá?

- No pero lo conozco. Soy de por aquí cerca. ¿Y usted qué hace por acá, si ya no vienen ni los chulos..., antes todos se quieren ir?

- Ya ve usted, es una orden.

- Las mujeres así bonitas y jóvenes como usted no deben andar solas.. ????? ???A ??. Si quiere la acompaño.

- No hace falta.

El hombre siguió arriando la mula por un desecho pedregoso. Tenía buena figura. De los ojos le saltaban rayitos café, entre marrón y caoba, como esquirlas.

Las niñas me sacaban hoy de mis casillas ni una nota de Fabián. Agachadas unas, tratan de sacar bien una multiplicación. Julita pinta en el tablero un muñeco con piernas como agujas y estómago redondo. Las más pequeñas hacen palñitos tratando de iniciar la "i" , En el rincón, las mayoristas ensayan una comedia. Y un sopor que me consume, que zumba, que no se dilata por el anjeo que forra las ventanas.

Aquel día el arriero me pareció simpático y la maqueta relievada por la ceiba añosa de Calamoima,se veía apacible. Pero el hombre había insistido: "Los tiempos son malos... Una mujer como usted no debe andar sola por aquí". Pero ya había espoleado el caballo con decisión.

Al rato:

- Niña... Camínele pronto, se le va a hacer noche. Hay que llegar temprano para que no la desconozcan.

- Y yo, con toda mi garganta:

- Gracias buen hombre, le estoy apurando.

- ¡Corra, el camino es feoooo!

- Adiooooos, tranquilo.

El hombre parecía preocupado. Yo, en cambio, permanecía a la expectativa, sin sobresaltos, con ansiedad, gestando la angustia, de las cosas que están por llegar, con la impaciencia de alcanzar algo largamente acariciado. Porque desde el mismo día en que ya no pude volver a la escuelita de " Raicuipí", lo había decidido: sería maestra de escuela; lo encontraba difícil, una campesina como yo. Pero ahí estaban Rubén y Saulo, que me podrían ayudar.

- "El pueblo es bonito. NO tiene servicios, ni agua, ni luz, ni alcantarillado, ni carretera; pero pronto los tendrá, es cuestión de tiempo. Estamos es eso, tratando de conseguir unas partidas para hacer vivible a Calamoima. Eso sí tendrá que armarse de valor. Los guerrilleros rondan por ahí."

El secretario de educación no dejaba de mirarme a los ojos y yo esquivaba una y otra vez su pupila inquisitiva. Las ????? ???A ?? manos pegadas y sudorosas, las piernas juntas, la blusa se inflaba y se desinflaba visiblemente. En el estómago, pequeñas agujitas me herían. Es una sensación que siempre he tenido cuando estoy a la expectativa, o cuando experimento aprensión por algo bueno o por algo malo. Es como si la raíz de las sensaciones fueran esas agujitas que me penetran hasta la mitad de las vísceras.

Con el nombramiento escrito en un papel sin líneas, di media vuelta y tuve temor al estrecharle la mano con mis dedos sudorosos. Me parecía que le iba a transmitir la ansiedad que experimentaba... Y una maestra de escuela no podía, no debía ser cobarde.

- Oooooohhh...

Por el oriente, el eco me llegaba rebotando de la montañita cercana, copiando la voz del arriero que me alentaba desde el camino. Ahuequé la palma de la mano, redondeé los labios y con contactos intermitentes de mano y boca fui repitiendo "Ooooohhhh" como quien dice: sigo viva, aquí estoy, voy bien, no se preocupe, llegaré.

El sol comenzaba a declinar en un rojizo desesperante. El caballo estaba ya cansado, pero no dejaba de trotar. Se sabía bien el camino, resollaba con fuerza sacando vaho por los grandes huecos de la nariz. Ya no trataba de arrancar el pasto del camino. Las Chicharras instaladas en las horquetas de los arbustos vecinos comenzaban a revolotear listas a dar el chichar ????? ???A ??razo de las seis, que las hacía reventar de música. Eso me lo tenía aprendido. Era igual que en "Raicupí" sólo que allá a las doce hacían chiflar la cabeza por el unísono del chillido, en coro desesperante.

Doña Fernanda, la mujer del alcalde, me notificó esta mañana: " Cuídese Señorita Cleotilde. Dicen que habrá asalto; a usted la podrían secuestrar por ser empleada del Gobierno".

- No se preocupe andaré alerta.

- Dicen que son los de la pandilla de un tal... Fabio...

- -¿Cómo dijo?

- Ahora no recuerdo; pero lo que importa es el hecho, no el nombre del que los capitanea.

- ¿Y como nos defenderemos...?

- Dicen que vienen refuerzos del pueblo vecino, de Peladeros, un tal teniente Saulo Porras.

- ¿será bueno?

< ????? ???A ??em>- Como no va a ser...?

Entonces si volvía a sentir las agujitas en el estómago. Saulo y sus botones dorados. Saulo y su mechón castaño sobre a frente. Saulo y su voz cordial, con ligeros tartamudeos;,a veces parecía que las palabras se le querían salir a torrentes, pero no eran las ideas las que se le desbordaban, eran las palabras simplemente. Fabián no supo nunca el temor que me acobardó aquella noche en "Raicuipí"; el temor y el respeto hacia los patrones. Creía que estaba cumpliendo con una norma establecida dentro del contrato de trabajo de mis padres. Todo pasó y nada pasó. Fue una mezcla de miedo, de curiosidad, de espíritu de aventura, de deber, todo menos amor; quizás algo de estupor, de ojos abiertos, perplejos, que asombraban ante el despertar de la vida, ante un nuevo camino que no había previsto, pero que comenzaba a abrirse.

A Fabián le sonaba el nombre de Saulo, igual que el de Rubén, como un zurriagazo, algo que lo fustigaba de un golpe seco.

- Por ahí comentan que te estas dejando deslumbrar por los botones dorados...

- ¿Y tu les crees?... Tonto.

- Cuando el río suena , piedras lleva, d ????? ???A ??ice mi compadre Anselmo. Y hasta razón tendrá...

- Seguro que a él le consta.

- Estas como potranca arisca en estos días, y es por algo.

- Puras habladurías...

- Ya no hueles a pomarrosa.

- Algo habrá cambiado. Si ya no tengo doce años. Voy para los quince.

" cuando te enfrentes con la vida –había dicho papá-, tendrás que soportar todo sola. No te fíes de nadie." Pero yo tenía que confiar en alguién.¿Cómo iba a desconfiar hasta de mi propia sombra? Ahora confiaba en Fabián, desconfiaba de Saulo. No habría más remedio que buscar un escondrijo seguro.

- Señorita, ya me aprendí la "i" y tambien la "e"...

- Bien niñas, sigan practicando...

- La comedia va a salir bien, Ya nos sabemos los papeles...

- Un último ensayo.

- Señorita, hay rumores...

- ¿De que, niña?

- De que anda cerquita el Capitán araña... Ese tal Fabián Sicachá.

- ¿Lo conoce?

- Dicen que es muy valiente, eso sí. Y muy malo también...

- Eso dicen...

- ¿Usted no cree, señorita?

- Clara que creo.

La voz se me fue yendo en picado y la "o" me salió sólo como un susurro. Ese remoquete de Capitán Araña no me sonaba bien. Claro que ya sabía por qué lo apedillaban así, por su facilidad ????? ???A ?? para hacer movimientos envolventes. Era como una red invisible la que le tendía al enemigo para prisionarlo al final y asfixiarlo. Era el juego de la araña con la mosca. Y además, que bien identificado estaca con sus brazos y su pecho, sembrado de vellos negros, gruesos, brillantes. Sin embargo era más dulce decir Fabián, con el aire pasando por en medio de los dos dientes centrales, con fuerza, como queriendo estallar.

- Donde los vea, los toteo.

- Ni que viviera con ellos.

- Me caen mal los tales militarcitos esos Porras Sastoque.

- Antes no hablabas así.

- Ahora tengo en candela el alma. ¿Cómo no habría de detestarlos si me sacaron de allá de Raicuipí? Por ellos todo se acabó. Estoy en mi derecho.

- Te comprendo –le había dicho yo tratando de calmarlo.

- No, tú no me comprendes; son pocos los que entienden. Pero algo me dice que debo seguir, hasta acabar con todos.

- No es humano.

- Hablas como civilizada.

- Todos debemos tratar de civilizarnos. Más ahora que voy a ser maestra de escuela.

- Yo sigo siendo primitivo. No me dejaron progresar.

- Estas ciego de rencor.

- Lo que se verá.

- Será mejor que me vaya, hasta susto me está dando.

- Seguí caminando distraída. De pronto, con sol radiante, se desgajo el aguacero. Por las calles comenzó a correr agua con tierra. El arco iris se encaramó en la montaña, y sobre las tejas de cinc de la escuela el agua hacía un arrullo. Del patio salía vapor. Pronto escamparía porque en Calamoima llovía con fuerza, pero corto.

- Una pequeñita de piernas delgadas, se levantó de su asiento y en carrera corta llegó levantando la mano.< ????? ???A ??/o:p>

- Señorita Cleo, ¿puedo salir?

- ¿No ve que está lloviendo? ¿Puedo esperar?

- No, estoy de afán. A mí me gusta que me caiga el agua en la cara.

- A mí también.

Le repiqué distraída. La niña se quedó mirándome por un momento. Sonrió, mostrando los dos colmillos montados, y salió de puntillas.


  TRIQUITRAQUES DEL TRÓPICO

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En el corazón de Colombia a pocos kilométros del Río Magdalena, un pueblo, Cal ????? ???A ??amoima, vive en la soledad y el olvido administrativos. Una agricultura y una artesanía primitivas permiten a sus habitantes sobrevivir, mezclando al catolicismo español las creencias y los ritos heredados de sus ancestros indígenas.

La brujería con sus bolsitas de polvos de amor, de perfumes del olvido, de granos de fecundidad, de cortezas anticonceptivas alterna con las plegarias para recuperar los maridos o los amantes infieles .La justicia legal no llega a Calamoima, se

resuelven las querellas a revólver en las cantinas a bordo de los caminos o aun en las modestas alcaldías de los pueblos vecinos.

Las calamidades naturales golpean a Calamoima (....) Con humor, ternura y poesía, Flor Romero recrea sin protagonistas, pero a partir de múltiples y pintorescos personajes de la vida cotidiana de un pueblo, la imagen de su país (...)es la historia de medio siglo de la vida colombiana. Claude Couffon ("Le Monde")

Novela finalista Premio Planeta Barcelona l.972) Edit. Planeta. Publicada en francés por la Editorial Albin Michel, Paris l.9978 coleccción Oeuvres representatives Unesco, ????? ???A ?? con el titulo de "Crepitant Tropique"

(Fragmento)

Los animales desaparecieron como por encanto una tarde, como a las dos, con pleno sol radiante, cuando comenzaron a caer unas piedritas blancas, que sonaban en las tejas de zinc, y saltaban en el suelo como cristales. Era la primera vez que granizaba en Calamoima, y los niños salieron a las calles para recoger las peitas y comérselas o tratar de guardarlas en un frasco, pero a los cinco minutos ya estaban derretidas, convertidas en pura agua. Algunos decidieron construir casitas, puentes y arcos con los montoncitos de granizo. Luego empezaron a caer unos goterones grandes, que abrían huequitos en el polvo, y salpicaban en flor las calles. Y al cuarto de hora se desgajó un aguacero tremendo, que hizo al principio cascaditas en lasa calles y terminó convirtiendo los callejones en verdaderos ríos que arrastraban con piedras, palos y animales. Las gallinas que no alcanzaron a subirse a los árboles, que les servían de gallineros, especialmente palos de totumo, fueron arrastradas, y las gentes, al ver esa corriente inesperada, comenzaron a salirse de los ranchos, hacia la parte alta del pueblo, en donde el agua tenía un nivel menor y por donde corría todo el caudal que iba escurriendo del cerro de La Trinidad. Esa tarde no escampo, y aunque alcanzaron a ver el arco iris por los lados del Chorrillo, fue apenas un espejismo, porque a los cinco minutos ya no había colores, sino un cielo gris, nuevamente cerrado, plomizo y convertido en una regadera et ????? ???A ??erna. Las gentes que habían estado en la rogativa, no pronunciaban palabra, y, ya al anochecer, los rostros comenzaron a hacer gestos de preocupación. Llovió toda la noche y amaneció lloviendo, los cimientos de las casas empezaban a ser carcomidos por los torrentes de agua, que hacían espuma, se encrespaban en las esquinas, hacían remolinos en las hondonadas y golpeaban con fuerza contra las paredes. El Río Seco volvió a recoger el agua de todas las quebradas vecinas y comenzó a subir el nivel. Se volvió un río grande, revoltoso, encabritado, echando espumarajo y dando tumbos de lado a lado, derribando los árboles y desbordándose con fuerza para inundar el valle. Diva espejo desde lo alto de su parcela, observaba la inundación: No tiene buena cara esta lluvia, se van a joder todos. Una lora emplumada de verde, azul y rojo que Diva Espejo había enseñado a hablar dándole aguardiente, y bizcochuelo todas las mañanas, coreaba: se jodieron Diva, se jodieron. Y daba muestras de enorme alegría porque la lluvia no cesaba; sacudía el plumaje, lo paraba a ratos, dejando entrever los plumones grises y agarrándose el pico corvo, recorría las ramas del mango cercano gritando: Que llueva, que llueva, que Diva está en la cueva. Diva quiso espantarla con la escoba , porque ya estaba asustada de ver la inundación, pero la lora seguía gritando alborozada: Se jodieron...

Esa noche Valsemina no pudo dormir, se acostó como porque tenía que acostarse, pero a las diez se levantó de un salto. Un extraño escalofrío la recorrió de pies a cabeza y a la luz de la luna vio la hamaca moviéndose: Está temblado, gritó con fuerza y salió a la calle en medio del aguacero torrencial. Un ruido sordo llegó de la montaña como si los árbol ????? ???A ??es y la tierra se descuajaran en un fenomenal derrumbe. No supo para dónde corrió, pero cuando pasó por la plaza vio que del cerro de La Trinidad bajaban chorros de agua y lodo. Un extraño olor de azufre invadía el camino, y no era solo impresión suya, sino también de Calixta , y de Agripina y de todos los que a esa hora huían por el camino del Chorrillo llevando, una olla, una lámpara de petróleo, una múcura, un asiento. Octaviano que había regresado el día anterior de Puerto Alzado, vaticinó con seguridad: Es el volcán que se está abriendo. Y el agua que escurría con barro, llevaba una capa aceitosa, que los obligó a aceptar las advertencias del herrero. Los truenos retumbaban con eco sonoro en la montaña, y los árboles desprendidos de raíz navegaban por el cerro, doblegados por el agua y las piedras. Cuando el olor a azufre se hizo más intenso, Sandalio pensó en el peligro que estaría corriendo Juanani y no quiso pensar más ahora en medio de la desolación, cuando había perdido todos los utensilios que había conseguido, para su casa y su mujer, hasta la máquina de coser de mano que le había traído el mes anterior de Puerto Alzado, y que Lastenia tenía envuelta en un trapo blanco, detrás de la puerta como una reliquia. Los únicos que no quisieron salir del pueblo fueron Águeda y sus dos hijos Ladino y Consuelo Capador: Para morir lo mismo da aquí que allá –dijo el hijo y se sentó en un piedrón a esperar que pasara la tormenta y que aclarara. Calixta era la más averiada del grupo; se le había partido una pierna al derrumbarse las paredes de la casa, y a rastras la llevaban el boticario Honorio Mosuca y el padre Agapito; como medida de emergencia, Honorio le puso un palo recto, amarrado con una faja de trapo muy fuerte, y le sobó el músculo para que el hueso volviera a su sitio. A Puerto Alzado alcanzó a transmitir ????? ???A ?? la noticia la telegrafista y de allí comunicaron a Bogotá todo lo de la inundación y el derrumbe. Dijeron además que se había abierto una grieta inmensa en el sitio que las gentes llamaban El Volcán. El titular del diario matinal, cinco días después decía: La población de Calamoima fue borrada del mapa.

Amparo Pantano quería irse de la región porque pensaba que la tierra de Calamoima estaba maldita y viajó a Puerto Alzado. No vivo un día más en este pueblo, les dijo a Sandalio y a Lastenia y sin escuchar consejos de los amigos, se fue sola para Puerto Alzado a buscar mejor vida. Ella no sabía en qué podría trabajar y si conseguiría siguiera una casita en arriendo para dar alimentaciones y poner una pensión. Apilonó la ropa en una sábana que amarró con dos nudos por ls cuatro puntas y se fue chapoteando entre el barro mientras la montaña retumbaba como si fuera el fin del mundo. No quiso volver a mirar siquiera para no llorar más de tristeza. Un sabor salado le recorría los labios, y una nostalgia , como hacía mucho tiempo no sentía, la invadió por todo el camino, hasta ocho días después. Si no es por el peluquero Simón Piña que la animó, y la invitó a tomarse un fresco de tamarindo, se vota del puente al río, porque quería acabar con la vida. Ya había escrito una carta diciendo que no culparan a nadie de su muerte, que se mataba de pura tristeza y que esta vida no vale la pena.  


LOS SUEÑOS DEL PODER - La segunda edición de la obra (2006), aparece con el título LA PRESIDENTA

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Accésit Premio Ateneo Sevilla 1.978 Una mujer sueña o llega al poder. Durante 9 meses, hace campaña, en un país que se supone demócrata, en donde las mujeres tienen aún muchos inconvenientes para acceder a la presidencia. Lupe, la protagonista está casada y tiene dos hijos. Su contendor político es Napoleón Guerra, quien organiza toda clase de tretas para atravesarse en su camino político. En medio de música, bandas, festones de colores dentro del carnaval de la política, finalmente está instalada en el solio de los presidentes. Pero su programa de gobierno y su pensamiento femenino, difieren de las concepciones que de la sociedad tienen los hombres.

Crea el Ministerio del Interior (El Ministerio del Alma) para resolver los problemas anímicos de su pueblo. Le da importancia a la economía familiar. No está de acuerdo en que los muchachos vayan a la guerra. Es una concepción diferente de la sociedad.

Flor Romero escribe "Los sueños del poder" en l.977, y obtiene el accesit al Premio Ateneo de Sevilla en ????? ???A ?? l.978. Su temática es de gran actualidad y el tratamiento del tema se desarrolla con gran soltura, matizado con cierta ironía.

(Fragmento)

"LA MULTITUD REVERBERABA, crepitaba, crujía, como un mar de medusas, levantando los tentáculos, volviéndolos a desgonzar; cerrando los ojos, envolviéndose en una especie de arrobamiento, que los hacía sentir en otra dimensión, altos del suelo, sin el contacto de las suelas de los zapatos con el ladrillo cocido y con uno deseos incontenibles de permanecer ahí, siguiendo todo lo que ella decía desde el púlpito, escuchando su palabra de esperanza, que les hacía olvidar el hambre de las seis de la mañana, con mordiscos en la boca del estómago, y espantar los erizamiento s de frío y el tiritar de las madrugadas neblinosas. Las necesidades se les habían vuelto trizas ante la voz aflautada que encantaba la muchedumbre, cada vez más ansiosa de llegar hasta ella, de tocarla, de verle bien de cerca el color de las pupilas, de no perderse ni las pausas de las oraciones tranquilizadoras, cargadas de conformismo para mejores días. Las lámparas votivas, que se esparcían la luz en la esquina derecha de la nave central, bujaron también antes de ser entregadas contra la pared y los pabilos quedaron sus prendidos del muro emergiendo de la muleta de un convaleciente y el sombrero de paja del anciano cegatón. La invasión había llegado hasta el bautisterio y en el altar se acababan de trepar los más pequeños, que no alcanzaron a verla desde las gradas del comulgatorio. Padre, déjeme que y ????? ???A ??o los despacho. Ya mismo se van, ahora va a verlo no es sino que yo los siga dirigiendo, usted quédese ahí quietico como para una foto, que estas gentes me hacen caso a mí; ¿no ve que llevo manejándolos ya varias edades? Ellos son fieles. Pero las cabezas negras se rebullían en el hormiguero, sin dar señales de despejar la basílica. Las golondrinas asustadas revoloteaban de viga en viga, parlanchinas, y no acababan de abrir los ojos redondos para averiguar por qué los de abajo estaban ahí extasiados, sin querer irse, sin la menor intención de moverse, impávidos, estáticos, con la mirada fija en ella, pero como si no la escucharan. Es mejor que despejen la catedral a las buenas; mañana seguiremos la campaña; por hoy es suficiente la acción de gracias al de arriba, que es el que decide al fin de cuentas todo lo que se hace aquí abajo. Les suplico que se vayan ya, porque entre otras cosas va a llover y afuera está esperando un entierro que ha sido retrasado por la terquedad de ustedes de permanecer ahi, como si tal, como si esto fuera de nosotros y acuérdense que los predios son prestados. Un grupo de cinco muchachos que estaba apostado a la subida del púlpito se precipitó a la escalerilla cuando ella hizo ademán de bajar, y le tendió las riuanas para el descenso. Ella se devolvió firme. Padre, voy a ensayar unas órdenes de relajamiento para que se distensionen, como último recurso. A ver; su brazo derecho, el izquierdo, las piernas son como de trapo, respiren profundo, hagan de cuenta que vuelan y a casita. Pero las miradas seguían haciéndose astillas en el púlpito y nadie se movía parecían estatuas. Padrecito, no hay más remedio que llamar a la fuerza pública. Estas gentes ya se pasaron de tránsito y están inconscientes. Como englobadas; viajan al más allá y en este momento no hay manera de que comprendan. Le suplico que llame p ????? ???A ??or teléfono para que los saquen y el templo no se derrumbe. No quiero que de pronto salgamos aplastados como cucarachas. El cura miró aterrado a los que estaban encaramados en las columnas y corrió a la sacristía, en donde todos los días se preparaba para salir a decir la misa, los roquetes colgados de las perchas, los vasos sagrados ordenados sobre la mesa y un cristo con una pierna rota sangrante en una esquina. Es de urgencia, o vienen por ella o no sé qué va a pasar. Ya no puede echar más discursos porque ya los pronunció todos. Ya dijo todo lo que tenía que decir, ya los tranquilizó, ya les hizo promesas, ya los despidió, ya los citó para mañana y nada. Así que no les queda más camino que venir y sacarlos como sea. Pero primero que todo hay que rescatarla a ella para que vuelvan en sí. Donde estalle un triquitraque se va todo al diablo.

La pasaron en vilo del púlpito al refectorio. Parecía como si las piernas envueltas en los pantalones bombachos hasta el tobillo fueran zancas de colombina que blanqueaban sobre las cachuchas de los uniformados. El manto blanco que le cubría la cabeza se desgonzó y flotó; por eso todos la vieron navegar en los aires del templo y comenzaron a dar alaridos, a chillar con un histerismo mezcla de admiración y de dolor. Los mismos hombres fornidos que la llevaban en las palmas estriadas de las manos rudas, creyeron verla volverse de gasa, de plumas y la soltaron para que siguiera flotando sola, hasta quedar estirada en la banqueta de reposo del sacerdote. Sin pronunciar una sola sílaba se incorporó sacudiéndose las rodillas, volvió a encajarse el velo blanco sobre la cabellera oscura y se apretó el cinturón. El sacristán musitó al oído: No se afane padre; apenas se vaya ????? ???A ?? Lupita, el pueblo se desencanta, por ahora está arrobado, pero ya verá como se despabila en un instante.

El padrecito hacía entradas furtivas y fue viendo cómo poco a poco los que estaban instalados en los brazos de san Antonio descendían con calma, los que habían acomodado los pies encima del perro de San Roque bajaban tranquilamente; los que se habían acaballado en la bola del mundo del Niño Jesús, dejaban brillante el Océano Atlántico y saltaban a tierra; los que se habían apoderado del paño de la Verónica, para secarse las lágrimas, lo tiraron a un lado y siguieron desenmarañando la multitud. Los de las columnas descendían deslizándose. Por los portalones un borbotón de gentes caía al atrio restregándose los ojos como saliendo de una función de cine, y levantaban las pestañas hacia el cielo como ambientándose a la luz rosada de la plaza.



LA CALLE AJENA

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Sobre un fondo oscuro se teje una historia alerta, casi alegre donde sobre todo la miseria de la tela de fondo evolucionan los jóvenes crápulas simpáticos - y los adultos que lo son menos. Estos muchachos allí muestran lo que son en realidad : las víctimas de una sociedad que rechaza a sus hijos ante la incapacidad de asumirlos. Flor Romero, de quien hemos leido en Albin Michel, Triquitraques del Trópico cuenta con ternura la historia paralela y algunas veces conjunta de Masdevalia, generosa flor del pavimento y de Lirio, pícaro de siempre... Jean Louis Hue (Magazine Literaire)

La Calle Ajena de Flor Romero es un libro muy bien logrado. Constituye la primera gran novela sobre los gamines de Bogotá (Claude Couffon).

Publicada inicialmente en francés con el título de "La Rue des Autres" Edit. Ramsay.Paris 1.979, en español aparece en 1992, Editorial Planeta, Bogotá-Colombia.

(Fragmento)

Abutilón maldecía su suerte. Sentado en el taburete de cuero en la penumbra, mientras se golpeaba la frente con los puños: Eso no puede ser, Crisanta. Con ls principios que la criamos. Con todo lo que la cuidamos. Nos escapamos de las manos de la chusma y ahora, ya ve. Cae en otras manos sucias. ¡Ni el mismo Lirio con lo gamín que es, no sea ha atrevido a tocarla, y que ahora se la encuentre mi nismo hermano campada en una casa de putas, como cualquier mujer de la calle, sin hogar, sin temor de Dios! No me arrepiento de haberla denunciado a las autoridades para que la castiguen, ya que no le valieron las jueteras que le he dado. Será que habrá que encerrarla para toda la vida, en alguna casa para que no vuelva a pecar. Y hasta usted tendrá la culpa por haberla infundido a esa culicagada una moral...¡Ensuciar así no mas el honor de la familia, que era lo único que nos quedaba!

Hablaba como poseído por un espíritu vengador. Se extendía en los monólogos que Crisantema no era capaz de interrumpir porque el riesgo era enervarlo aún más. De una vez por todas -continuó el hombre- sépalo que no quiero saber más de ella. Hagan de cuenta que para mi se murió Masdevalia. Y si el juzgado de menores viene a pedir declaraciones, digan que estoy a la orden para que la corrijan lo más fuerte que se pueda...Quién creía, la mocosa esa muerta capaz de irse con todos los hombres de las tales residencias Magola, el putiadero más famoso. S ????? ???A ??i dicen que hasta reciben niñas de siete años para los que les gustan los juegos infantiles....Dijo el médico que le prendieron no se cuántas enfermedades, que había que empezar por desinfectarla y después la curarían de la rancha que tiene. Ya no se le ven los ojitos almendrados de la Masdevalia de antes. ¡Ahora lo mira a uno fijo, como queriéndole meter sus inmundos pensamientos!

-Ay mijo –se atrevió a decirle. No se amargue más la vida por eso. Ella saldrá de ese asunto algún día.

-Ya no le quedan uñas de tanto mordérselas y hasta canales se le veían en el borde de los párpados.

-De tanto llorar, Abutilón. Si no hace más.

-Esas son lágrimas de cocodrilo. La chivata no se conmueve.¡ Resultó más avispada que todos!

Calló por unos momentos y luego, cortando brutalmente la reflexión, le ordenó a la mujer: Crisantema, repítame el café, pero bien caliente.

La madre sin chistar palabra se desplazó hacia la esquina de la pieza. Se sentía sonámbula. Puso el agua en una olleta sobre el reverbero de gasolina azul, se secó las manos en el delantal de cuadritos, se echó las trenzas hacia atrás y s ????? ???A ??e quedó mirando la llama, esperando que el agua hirviera para ponerle la cucharada de café, colarlo y llevárselo así humeante, al hombre que parecía un león enjaulado, como si el embarazo de Valia fuera la última desgracia del mundo. Una mancha que ningún detergente podría borrar.


YO POLICARPA

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Esta novela de Flor Romero es un retorno sobre la figura la más querida y más popular de la historia colombiana, aquella de La Pola, la heroína por excelencia, la mujer que se sacrificó por la causa de la independencia (...) historia novela que hace revivir o reinventa esta figura para reubicarla en la perspectiva de dos siglos de historia colombiana (...) es naturalmente de la vida de la heroína que todo parte en este libro y a ella que todo vuelve, vida desconocida que Flor Romero recrea a partir de la leyenda, del saber histórico y sobre todo de la intuición y de la simpatía. La vida de la Pola se

reconstruye y mas aun se recrea por una combinacion de perspectivas temporales y narrativas. (...)Es una época que se revive y subrayaríamos particularmente la importancia de la aventura del conocimiento. (....)Esta reinterpretación, es ademas conforme a un tema recurrente de toda la obra de Flor Romero aquel de la educación. (....)Pola no es solamente aquí la casta novia de Zabaraín, más bien su amante, mujer de carne y hueso. Y ella es ademas muy republicana,. De un republicanismo teñido de masonería (...La Pola propuesta por esta novela es una crítica a la estatua, a la historia oficial y aboga por otra manera de vivir ya hacer vivir la memoria colectiva (Jacques Gilard, Revista Caravelle, Universidad de Toulousse). Edicundi 1998 Bogotá, Colombia.

(Fragmento)

La mujer morena, quien ayudó a la crianza de Policarpa, le había contado las desventuras de sus padres traídos en barco desde el Africa para ponerlos como esclavos al servicio de señores. Los progenitores de la nana habían hablado de fuete, de torturas y otros tratamientos espantosos, escenas que conmovieron el alma sensible de La Pola, inflamando la llama libertaria que se había encendido en su espíritu desde la más tierna infancia.

Los acontecimientos que ocurrían tanto en las colonias americanas como en Europa, la hacían estar pendiente cada día más del desarrollo de los episodios, y su tarea de informante se doblab ????? ???A ??a, pues había en su espíritu una mística al servicio de la causa patriótica que la empujaba a correr de Guaduas a Bogotá para enterarse de los planes de los españoles y comunicarlos cuanto antes a sus amigos de las filas libertadoras.

En su alma niña había grabado los sucesos del 20 de Julio que todos los granadinos comentaban. Supo que la corona española necesitaba dinero para sostener la reacción nacional.. Se enteró de la llegada a América del invitado Capitán de Fragata Juan José San Llorente, para tratar la situación y llevar dinero, como en efecto lo hizo, recaudando de las arcas neogranadinas más de quinientos mil pesos.

Quito sorprendió declarando su independencia.

Policarpa había estado en Santa Fe, trabajando en casa de la familia Martínez, y hasta sus oídos llegaron los chismes sobre la presencia de otra mujer en la vida de Alejo Zabaraín. Las gentes llegadas de Honda decían que, una muchacha payanesa de nombre María Ignacia, quizá rondaba el corazón de su prometido. La joven vivía ahora en Santa Fe y también colaboraba con la causa patriota.

La primera reacción de La Pola fue de franco disgusto, y como era impulsiva quiso visitar a la presunta novia para reivindicar su amor . Pero luego reflexionó toda una noche, mientras entonaba canciones románticas acompañada de la guitarra, y decidió y decidió callar su orgull ????? ???A ??o y su ira de mujer engañada. Se lo comentó a doña Andrea Ricaurte, con quien había entablado una sólida amistad:

-No entiendo estos asuntos del corazón, Tadea. Yo soñando con él y él pensando en dos a la vez.

- Estás segura?

- Pero si eso dicen por ahí......

- Sería mejor que verificaras esas consejas. Habla con él o quizá es preferible que calles y lo sigas amando como te gusta.

- No me siento bien en el pa

- pel de compartir amor.

- Creo que no es el momento para entrar a dirimir querellas sentimentales, cuando la situación de tu patria está en peligro. Haz de cuenta que la otra no existe y sigue con tu tarea de apoyo patriota...Lo importante es que seas discreta.

- Te confieso que los celos me consumen. Es cierto que es egoísta de mi parte prohibirle que mire a otra mujer, pero ????? ???A ?? lo quiero lo quiero solo para mí, para nadie más.

- No te atormentes. Cálmate y dedícate a soñar con él.

- Quizá sea mejor que me vaya unos días para Guaduas, pues allí con los árboles, el clima algo tibio, los pajaritos y mi guitarra, podré pensar mejor y aplacar esta ira que me consume.

- Se necesita tanta paciencia en la vida para vivir, mi querida Gregoria Apolonia; no te hagas mala sangre, Policarpa, eres única y tienes muchas cualidades como para estar sufriendo por u n hombre. Además, estás joven, tendrás tiempo de escoger.

- Eso es lo que no sé, si la vida me dará tiempo de sacar este amor de adentro, de mi sangre, de mi cerebro, de mi espíritu. Porque sabes Tadea, mi amiga del alma, el amor es una bendición y un desastre a la vez. Quizá es la única pérdida de libertad que nos libera, pero..

Fueron momentos amargos los que pasó La Pola con la noticia de la infidelidad del amado. Se torturó pensando en su rival, en la tal ignacia que despreciaba como a una intrusa, porque desarrolló un sentimiento de posesión frente a su novio.


MALINTZIN, LA PRINCESA REGALADA

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Ningún personaje femenino americano ha ocupado sitio más importante en la epopeya de la conquista, que Malintzin, la princesa regalada a Cortés en Cempoala.

Inteligente, bella, audaz, pasional, Malintzin -conocida como Malinche, o Doña Marina según la bautizó el conquistador- de alto linaje, se convierte en la consejera, intérprete, compañera y pareja del conquistador español Hernán Cortés. Ella es la síntesis de la nueva raza americana.

Después de Colón, es quizá el personaje que más polémica ha despertado en la epopeya americana. Vilipendiada y odiada por unos, hasta ser calificada como traidora; amada y reivindicada por otros como la nativa talentosa que supo tomar en sus manos su destino y el de su pueblo, Malintzin ofrece una historia apasionante y apasionada.

Sobre el telón de fondo de la conquista mexicana se desarrolla la historia de amor de Malintzin, enamorada de Cortes, doblemente su dios espiritual y físico. Nunca antes había sido visto el personaje desde este punto de vista.

Es otra óptica la que nos presenta Flor Romero la escritora colombiana -internacional, traducida a varios idiomas-, en una parábola original, que nos lleva a unir el presente con el pasado. El personaje, esta mujer símbolo de la nueva raza mestiza, es recuperada de un pasado cercano, para echar un vistazo a la historia contemporánea. Ella, ve desde lejos, algo que desde cerca no se podía apreciar, precisamente por eso, por estar entre el meollo de la cuestión.

Flor Romero sale del marco convencional, para revisar la imagen que de su figura, su mito, su espíritu, su pensamiento, guardan los americanos, hoy.

Es ante todo una novela americana, sin fronteras y sin suelo propio; es la visión de Flor Romero, apasionada y apasionante escritora americana sobre un hecho trascendental de nuestra historia.

Flor Romero nos relata un pasado que está presente en la epopeya amorosa de una mujer fiel a sus ideales, a su corazón profundo y a la razón. Malintzin -conocida como Malinche- toma estatura en esta novela, a través de las peripeci ????? ???A ??as noveladas que al autora que ha visto en la princesa indígena mexicana un perfil remarcable de la indígena llena de inteligencia, sensibilidad y estremecimientos, con la dimensión que solo los trazos de la pluma de una mujer pueden dar al corazón profundo de otra mujer.

Y como el azar ha hecho que las dos mujeres, tanto el personaje central de la novela "Malintzin la princesa regalada" como la escritora, Flor Romero, sean americanas, se logra un relato estremecedor, lleno de vivencias y fantasías, que convierten a los lectores en personajes hechizados por la figura de Malintin, la princesa de Olutla y Jaltipa.

Flor Romero, fiel a su gusto por los temas precolombinos, ha rescatado esta princesa indígena mexicana, con los elementos mágicos de lo insondable, sepultada en la noche americana, en el tiempo y en el ahora estremecedor. Hay amores, odios, traiciones, historias míticas, en el recorrido que Flor hace desde Cempoala hasta Tenochtitlan, de la mano de Malintzin, a veces al pie del conquistador Cortes, en otras, junto al Emperador Moctecuhzoma, frente a su rival, la Marcayda, esposa de Cortes; más tarde, del brazo de su marido Juan Jaramillo (alcalde de México), y de sus dos hijos, Martín el primogénito, fruto de su amor desesperado por Hernán Cortes y María, la pequeña hija de su unión con Juan Jaramillo.

Por esta novela desfilan los episodios centrales de la epopeya de la conquista de México, y los personajes que trajinaron aquellos días aciag ????? ???A ??os: la noche negra, las masacres, las peripecias, los momentos de triunfo y los desastres. Malintzin, es resucitada por la autora, la hace caminar en la México contemporánea, y cuestiona la historia oficial. La heroína echa un vistazo a la visión que de su personalidad han impreso los enciclopedistas, recorre plazas y calles, para constatar que mucho y poco ha cambiado desde la época en que vivió en Coyoacán. Su nombre en todo caso figura en mil figuras disímiles.

Al final de la novela, Malintzin dice "Me parece estar soñando..... La ciudad semeja un hormiguero. Las gentes de los campos acuden a la Gran Tenochtitlan, hoy Ciudad de México a buscar un mejor vivir. Duermen y despiertan apiñuscados la mayoría, (confortablemente algunos pocos). Ya llegan a los 2O millones.... De razón que me cuesta trabajo rastrear los sitios en donde pasé las horas de mi primera vida, la que me marcó y la que marcaría a mis compatriotas. Porque ahora, soy una muchacha perdida entre la multitud que va de prisa, sin tiempo siquiera para mirar mis ojos enrojecidos y mis pies ampollados por unos malditos zapatos de tacón alto a los cuales no logro acostumbrarme."

(Fragmento)

Este mes de mayo agonizante de l.521 me ha traído grandes alegrías. La maternidad en ciernes me estremece de felicidad. Ser madre me enajena mucho más que verme al lado de los grandes. Traer un ser al mundo, formarlo dentro de mi cuerpo, guiarlo luego, ????? ???A ?? soltarlo por los caminos de la vida me hace sentir alta del suelo. Tengo una sensación de plenitud que antes no me había acompañado. Algo de mis entrañas voy a dar a mi pueblo, a mi terruño. La ilusión que ronda mis días es muy grande. A veces me parece que es mentira este milagro de ser dos. Por fin tengo algo mío.

La única tristeza que mi corazón alberga y es bien secreta, es la muerte de Nezahualpilli, el profeta sabio, ponderado, que dominaba tantas ciencias. Es verdad que apenas lo conocí de lejos, pero se incrustó en mi corazón y en mi espíritu desde niña, cuando comencé a leer sus poesías. Hay personajes que apenas se presienten en lo físico, pero a quienes uno se lleva abusivamente a vivir con uno. Y este Nezahualpilli es uno de ellos. Repito de memoria sus versos; me calan sus loas a nuestros dioses, a la naturaleza. No es cierto que haya muerto, mi poeta profundo; solo te has ido por unas lunas, mientras los que te amamos te encontramos en sitio inviolable, a donde no lleguen ni la muerte, ni las maldades.

"Ya sus cascabeles está agitando el dios,

aquel por quien todo vive.

Acaba de conocer a Nonoalco y a Ahulizzapan

y a Atlacochtempan y a ????? ???A ?? Atlixco

Es el rey Nezahualpilli.

Naciste en el país del canto. Ha nacido un dios.

En tu casa la aurora se entrelaza:

tus flores, tus cantos, son jades florecientes.

Abriendo está la corola.

Guerra hubo y pasó

dicha fue y victoria.

Ahora fragantes flores se esparcen; son tu palabra...."

Mi hijo nacerá el año entrante. Las bordadoras de Coyoacán alistan telas de algodón para el bebé. Mi cuerpo se ensancha para dar cabida al nuevo ser. Mis sayas sueltas no dejan adivinar que mi estómago se redondea. Porque tengo que seguir haciendo las traducciones a Hernán; debo arengar a mis hermanos para que las batallas cesen; para que el oleaje del choque no origine más desastres.

Me parece que el sol es más brillante ahora; las nubes parecen mas luminosas y me pintan mensajes secretos en el azul eterno de la bóveda celeste. Hasta la mente la tengo iluminada. Esta tarde he descubierto que el firmamento está incendiado de dicha. Como si de veras el quinto sol anunciara cambios en nuestras vidas, en nuestros pensamientos, en nuestra adoración.

Sobre todo, me tiene embelesada un parche gris sobrepuesto a los rojizos en llamarada que van sumiéndose tras el Popocatépet y el Ixtaxihuatl. Cómo cambia la visión de la vida, cuando el alma se envuelve en las gasas de la felicidad. Aprecio la naturaleza de otra manera; miro las gentes con más belleza y más ternura que antes. Mi estado me ha puesto eufórica. Mi rostro se ha abrillantado y mi mente se ha abierto como la corona de las flores amarillas. El corazón profundo es ahora inmenso.

Mi imaginación recita una y otra vez la escena de mi bautismo. Veo al fraile rociándome agua sobre la cabeza. Mi hijo también será bautizado con el nombre del padre de Hernán. ¡Retoñará otro Martín, en tierras mexicanas!

Tengo la impresión de que no soy la misma de antes. Algo me ha invadido, una fuerza que me pone a pensar en grande, que me hace sentir más segura de mí misma, orgullosa de mi ser, de mi pensamiento, de mis acciones. Es como si la tierra o el sol me hubieran penetrado, para darme ánimo, valor, orgullo, sent ????? ???A ??ido de lo eterno, de lo inconmensurable, de lo profundo. Ahora me siento valiente, y pase lo que pase, no me dejaré apabullar por nada ni por nadie. Con una criatura en las entrañas me he crecido; soy invulnerable, impenetrable, inalcanzable. !Ay dios qué cosas se me ocurren en este estado de gracia¡


AVENTURAS DE AITANA EN EL AMAZONAS

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Aventuras de Aitana en el Amazonas cuenta las peripecias de una niña que ha sido raptada mientras juega en el parque. En un descuido Aitana salta por la ventana y corre hasta caer desmayada a orillas de un lago. Un cóndor la atrapa por la nuca y la eleva sobre las montañas hasta descargarla a orillas del Amazonas. Los animales de la selva y las plantas son sus cómplices. Aves, peces, jaguares, osos de anteojos, micos libélulas, guacamayas, hormigas, anacondas y pirañas la miman

y le cuentan historias míticas. Asiste al festival de las plantas brujas. Entabla amistad con el hijo de un ????? ???A ?? cacique vecino. Cuando sus padres después de largo peregrinaje la encuentran, ella decide no regresar mas a la ciudad y se queda en la selva, en donde ha encontrado la felicidad, la paz y el amor.

(Fragmento)

Tendría cuatro años no cumplidos cuando su nana, Doris, siguiendo las órdenes de su madre Matilde, llevó a la pequeña Aitana al parque a jugar por última vez.

Sus ojos aterrorizados aun recuerdan al hombre moreno de bigotes desordenados, pequeño con cabellos negros lacios, que se reía tanto con Doris, mostrando los dientes blancos parejos, siguiéndole los pasos minuto a minuto. Le estrujaba la espalda, le esparcía la cabellera negra desordenada que anudaba con un lazo negro; le hacía cosquillas bajo los brazos.

Parecía alguien de su familia, aunque la verdad era que no lo había visto antes. La niña se quedó lela mirándole los dientes de granos de maíz, sombreados por los bigotes de esparto. Nos ofrecía a ella y a mí, helados de cono, que brindaba un vendedor con delantal blanco.

Alcancé a tenerle confianza y lo puse a que me recibiera el balón, que yo le tiraba. Me alzaba hasta el columpio; me subía a los deslizaderos. Creía que le ayudaba a la lenta Doris a cuidarme.

Hasta aquel fatídico viernes, cuando le insistió:

- Vaya, traiga el triciclo para darle una vuelta a la niña.

- Pero, es que la señora Matilde no me ordenó montarla en triciclo.

- Ay Tea, no sea necia. A los niños les encanta montar en triciclo. Y esta preciosa Aitana, va a sentirse recorriendo el mundo en las tres ruedas.

Doris salió corriendo para la casa, abrió el garaje, y agarró el triciclo.

Cuando regresó no había ni rastros del hombre que la había cortejado desde hacía seis días, y del cual solo sabía que se llamaba Evaristo. Decía que trabajaba en una obra, cargando ladrillos, pero que ahora estaba consiguiendo empleo, porque el edificio ya estaba terminado.

Doris no podía contener la angustia. Un viento impertinente le desflecó los cabellos que usaba sueltos, como una mata negra, escurriéndosele por la espalda, sostenidos en la coronilla por el moño.

Corrió de lado a lado del parque, revisó las calles aledañas, les preguntó a las mujeres que cuidaban otros niños si habían visto a la pequeña Aitana, la de los ojos verdes con pestañas negras, cabellos sedosos castaños y cejas bien delineadas.

La chiquilla vivaracha que encantaba a chicos y grandes con sus ocurrencias, la que gustaba hacer todo, amarrarse los zapatos, vestirse sin ayuda, saltar, mirar el sol, conversar con las flores y perseguir los cucarrones.

Nadie sabía para donde había partido, y tampoco dieron razón de Evaristo. Doris esperó aún algunos minutos, confiada en que quizá estarían comprando un helado de curuba, que tanto le gustaban a la niña. El corazón se le quería saltar del delantal.

Desesperada interrogó al vacío, al viento montañero que le abanicaba las mejillas: "No puede ser que se desaparezca como por encanto. Contéstame, viento indiscreto, ¿donde la has visto?. Por favorcito, tráemela arriada".

Pero el viento apenas susurraba un lenguaje secreto que ella no sabía descifrar.

Cuando el sol comenzó a ocultarse tras los cerros lejanos y no aparecía ni rastros de la pequeña, Doris fue a la casa, llamó por teléfono a la madre Matilde que estaba en un te-canasta, ????? ???A ??para avisarle que no encontraba la chiquilla.

- ¿Cómo Doris? No entiendo ¿qué quiere decir?

- Eso señora, que la niña Aitana no aparece. Se escapó quien sabe para donde.

- ¿Cómo así? ¿Luego usted no estaba con ella? ¿No la dejé cuidándola en el parque?

-Si pero en un momento que fui por el triciclo a la casa, desapareció como por encanto.

- No me hable más de esa estupidez. Salgo ya para allá.

Esa noche no hubo sosiego. Tanto la madre, Matilde, como el padre, Gregorio, no pegaron los ojos, esperando que el teléfono sonara, anunciando que la niña estaba por ahí perdida y que ya iba rumbo a casa.

Avisaron a la policía, al departamento de niños extraviados, pero nadie dio razón de la pequeña. Fueron al diario matutino para colocar un aviso, dando gratificación a quien tuviera noticias de la pequeña. No hubo respuesta.